Tienen algo de razón quienes en la Iglesia dicen que Cristo no fue el clásico revolucionario político. No obstante, que no fuera el "clásico" no significa que no lo fuera. Hacen alusión a que el poder romano afirmó no ver delitos en él para condenarlo, y suelen usar tal cuestión para justificar la existencia, necesidad y labor de dicho poder. Me preocupa la insistencia y ocupación de muchos "cristianos" en defender la posición de los ejecutores de su líder, en vez de dedicarse con el mismo afán a promocionar el estilo de vida de éste, el cual por cierto estuvo muy relacionado con su posterior ejecución en manos de los poderes que protegen.
Además de tal "despiste", se da en la Iglesia otro aún más grave e incomprensible, y es que junto con la defensa de aquel poder que cuando menos "se lava las manos" y mira a otro lado, "olvidan" denunciar y deslegitimar al poder que SI instigó la persecución y muerte de su líder de forma efectiva, esto es, el poder religioso. De este modo, "en nombre de Cristo", es muy habitual encontrarse con propaganda de las fuerzas sociales criminales contrarias a su mensaje, en vez de la defensa valiente y cruda de la radicalidad evangélica.
A tal sacrilegio se ha llegado, que desde los mismos poderes asesinos de ayer y de hoy, incluso se apela a la Semana Santa como ejemplo de sacrificio y obediencia ante ellos, cuando en realidad es una conmemoración en su contra. Y si efectivamente hay algún tipo de sumisión, no es precisamente ante ellos sino ante La Verdad, la cual no les incluye ni incorpora en su proyecto (le mataron por denominarse a sí mismo rey, dado que dicho concepto les excluía).
Cristo no murió para legitimarlos sino para ECHARLOS, mediante la victoria de la resurrección. "Quien pueda entender que entienda".

