A menudo hay una distancia abismal entre postulados y posturas aparentemente semejantes, de la advertencia o ignorancia de estos matices depende mucho, muchísimo !!
Hoy, por ejemplo, estoy leyendo un libro de Tolstoi titulado "El Reino de Dios está entre vosotros", habla de la no-violencia cristiana en los términos de "no resistencia al mal", defendida por el movimiento americano de cristianos cuáqueros (grupo con miembros como James Dean, Joan Baez o Ben Kingsley), como búsqueda de revivir la experiencia de la Iglesia primitiva.
Hoy por hoy esta doctrina la defendemos muchos de los que participamos en el movimiento global por una democracia real, reiterando una y otra vez que se trata de protestas pacíficas. Sin embargo gran parte del movimiento procede de una tradición que históricamente ha ridiculizado y castigado este tipo de actitud ante el mal, definiéndola como infantil, conformista, resignadora y hasta colaboracionista.
Lo de los matices viene a cuento de que, efectivamente una misma cuestión puede ser entendida y practicada de maneras MUY diferentes. Y la diferencia radica fundamentalmente en la intención interior de cada individuo. Se puede poner la otra mejilla pasivamente sólo porque hay que ser "buenos" y obedecer el mandato evangélico, o se puede poner entendiendo por qué se hace, buscando un efecto que es detener la espiral de mal en la propia carne y "acumular ascuas sobre la cabeza del enemigo". También se puede ejercer la violencia de dos formas diferentes, desde quien está movido por el instinto de autodefensa, y desde quien intencionadamente busca el dominio y el exterminio, incluso bajo el amparo del discurso del bien común.
Resulta pues una paradoja, ya que puede ser que quien defiende el uso de la violencia en realidad tenga una actitud más conformista, resignada y colaboracionista que aquel que en su lucha acepta que hay que asumir golpes para poder hacerlos desaparecer. ya que al ejercer la violencia se perpetua la presencia de ésta y el mal persiste, incluso en un formato peor pues al quedar justificado se enquista y es más difícil de identificar y extirpar.
Afortunadamente la historia nos devuelve a la historia, para que los juicios sean justos siendo más completos. Para que las ideas sean profundizadas y sacadas de sus estigmas, de sus comprensiones parciales y a menudo alentadas por intereses poco fiables y poco fieles, incluso a las propias corrientes a las que dicen apoyar, si es que no se quiere terminar defendiendo lo que antesdeayer se criticaba.
En definitiva, es vital permanecer en estado de alerta, aprender a leer entre líneas, a descubrir las intenciones y a preguntarse una y otra vez por lo mismo. El gran reto de la humanidad es seguir abriendo el infinito abanico de los colores y los tonos, atreverse a vivir purificándolo todo, dudando de todo y creyendo en todo. Y para esto hace falta, hoy más que nunca, aprender a estar SILENCIO, y reconciliarse con la LENTITUD de "procesar" todo en la mente y el corazón.

